Oficialmente no hay absolutamente nada que me pueda retener aquí un año más. Sólo espero que llegue cuanto antes el momento de subirme al avión. Lo he conseguido.
Definitivamente pienso demasiado, y escribo esta mierda después de publicar y despublicar en varias ocasiones lo que de verdad quiero escribir. ¿Para qué quiero el blog si yo me pongo mi propia censura?
La luz de la ciudad. Y dos personas mirándome. Quizás él sólo tenía la mirada perdida pensando en alguna genialidad de las que se le daban tan bien, y quizás ella solo miraba por la ventana intentando averiguar que tiempo le iba a hacer al día siguiente para decidir que conjuntito llevar. Quizás y sólo quizás los dos pensaron a la vez que en algún momento ambos me miraban esperando que el otro también me estuviese mirando, y quizás ambos sabían que en algún momento fue así.
No hace falta que me contestes. Entiendo los millones de prioridades antes que yo y entiendo los millones de cosas que te pueden quitar el tiempo de decirme, oye, mañana no me esperes para hablar, prefiero mil veces antes dormir o cualquier otra cosa.
Parece que se acerca la primavera, de hecho, aquí está. El sol, el buen tiempo. Risas, sonrisas, buenos ratos, césped, algún helado que otro, y esas cosas. También se acerca el duro estudio, último tramo, más esfuerzo... pero eso mejor lo dejamos para otro día.